ORIGEN DE LA SALAZÓN
El origen y técnica de la salazón, así como otros derivados en forma de salsas, parece encontrarse en Oriente Próximo y el Mediterráneo oriental, mucho antes de la llegada de los fenicios a las costas del Estrecho de Gibraltar.
Desde la antigüedad, la pesca y la explotación de los recursos del mar ha sido una de las fuentes de alimentación más importantes y uno de los principales motores económicos en el Estrecho de Gibraltar. Esta importancia se sustentó en la presencia de peces migratorios como el atún rojo, la melva, la bacoreta, la sardina y la caballa, entre otros; así como en el aprovechamiento de otras especies de la zona.
La llegada de los primeros navegantes fenicios a las costas del Estrecho de Gibraltar tuvo lugar en el siglo IX a.C. Las primeras pruebas de actividad conservera en la provincia de Cádiz datan de la época fenicio-púnica, siglos VIII-VII a.C., viéndose potenciada esta actividad a partir del tramo final del siglo VI a.C. Para la elaboración de estas salazones, utilizaban principalmente atunes (Scombridae), sardinas y arenques (Clupeidae), espáridos (Sparidae) y lisas (Mugilidae), que eran salados en piletas.
Los tacos o filetes, previamente salados y prensados, se introducían en ánforas que podían medir hasta un metro de longitud y pesar más de cincuenta kilos. Las ánforas utilizadas estaban diseñadas para ser resistentes y estancas; su interior estaba recubierto de una fina capa de cera de abeja y resina de pino para cerrar los poros de la cerámica. Estas ánforas eran selladas y conservadas de la mejor manera posible para que el pescado mantuviera sus propiedades y fuera fácil de transportar. En lo referente a la fecha de caducidad, no se sabe a ciencia cierta la duración del contenido del ánfora, aunque parece ser que podía conservarse durante años, siempre que las ánforas se mantuvieran herméticas. A partir de los siglos IV-III a.C., algunas ánforas comenzaron a sellarse con anillos signatarios que representaban, entre otros motivos, los distintos oficios de la industria de la salazón.
LA INDUSTRIA DE LA SALAZÓN: CETARIA, DESDE "GADES" HASTA "FRETUM GADITANUM"
La época dorada de la salazón del Imperio Romano se dio durante el periodo que comprendía finales del siglo I a.C. y principios del siglo II d.C., ocasionado por la demanda de alimentos esenciales, fruto del crecimiento demográfico resultante de la expansión del imperio.
El reto de que estos alimentos llegaran a todos los rincones del imperio en un estado adecuado de conservación, sumado a que otros métodos como el ahumado y el secado no eran muy comunes, hizo proliferar las industrias de salazón en la costa atlántica gaditana hasta llegar al “Fretum Gaditanum”. Esta ubicación de las principales factorías de la salazón “salsamenta” vino dada por las excepcionales condiciones naturales de la zona para la pesca, al ser lugar de paso en la migración anual del atún entre el Atlántico y el Mediterráneo.
La captura del atún en almadraba y su posterior conservación dio lugar a una industria floreciente, siendo fuente de prosperidad en el entorno del “Fretum Gaditanum”.
Las factorías de salazón “cetaria” contaban con unos tanques conocidos como “cetarium”, utilizados para la maceración del pescado con la sal, proceso que podía durar varios meses. Las especies de pescado más utilizadas en el comercio eran el atún, el bonito, la sardina, la anchoa y la caballa.
El proceso de elaboración era similar en todas las factorías de salazón. Cuando el pescado llegaba a la factoría se le quitaban las aletas, la cabeza, las tripas y huevas, así como la sangre, y era cortado y lacerado para que la sal penetrase bien. Posteriormente, se apilaba en grandes depósitos o piletas “cetarium”, excavadas a ras de tierra, para ser salado. Se alternaban sucesivamente capas de pescado y de sal en igual proporción, dejándolo entre uno y tres meses de media antes de dar por terminada la salazón. Los pescados salados se metían en ánforas “amphora” que eran selladas con un disco de arcilla, siendo depositadas en los almacenes a la espera de su traslado.
La pesca, la industria conservera y la exportación de los productos marinos fueron el principal motor económico de las ciudades romanas del “Fretum Gaditanum”. Este es el caso de “Iulia Traducta” Algeciras, “Carteia” San Roque, “Baelo Claudia” Bolonia (Tarifa) o “Septem” Ceuta. Además de las fábricas urbanas, se han descubierto un buen número de pequeñas explotaciones independientes como la que estuvo en la playa de Getares: “Cetaria” (Algeciras), donde se han localizado restos de varias piletas “cetarium” de salazón similar a las de otras ciudades del estrecho de Gibraltar.
DESDE “TINGI” Y “ZILIS”, HASTA “IULIA IOZA”, “TINGENTERA” O “IULIA TRADUCTA”
La antigua ciudad de “Iulia Traducta”, actual Algeciras, fue fundada entre el 33 y el 27 a.C. Según Estrabón, desde sus orígenes se convirtió en uno de los centros de producción de salazón “salsamenta” y “garum” más importantes del imperio romano, entre el siglo I a.C. y finales de la antigüedad tardía.
“Viene a continuación Menlaria, con industria de salazón, y tras ella la ciudad y el río de Belón. Habitualmente se embarca aquí para pasar a Tingi, de la Maurousía, y tiene también mercado y salazones. Tingi tuvo antes por vecina a Zelis; más los romanos trasladaron esta ciudad a la orilla opuesta, con parte de la población de Tingi; enviaron aún una colonia de ciudadanos romanos, y llamaron a la ciudad Iulia Ioza”
“Geographia” – Estrabón
El nombre de la antigua ciudad romana de “Iulia Traducta” lo conocemos gracias a las fuentes clásicas y a la leyenda de las monedas encontradas. En el siglo I a.C., “Iulia Traducta” poseía una casa de moneda “ceca”, que ha dejado abundantes monedas acuñadas en la ciudad. Estas muestran la efigie del emperador, la de sus hijos Cayo y Lucio, y los atributos sacerdotales del “princeps” (título utilizado de manera no oficial por los emperadores romanos). Además, las monedas también presentan motivos relacionados con la actividad económica de la ciudad, como atunes y espigas.
Fuentes escritas que han llegado hasta nuestros días citan:
“Y más adelante hay un golfo y en él está Carteia, que algunos creen que en otro tiempo fue Tartessos, y la que habitan fenicios trasladados desde África y de donde además somos nosotros: Tingentera”.
“De Chorographia” - Pomponio Mela
La anterior cita, ubica la ciudad de Tingentera, “Tingi – Atheria”, en el interior de la bahía de Algeciras. En el siguiente texto aparece la primera referencia con el nombre exacto de la ciudad, “Iulia Traducta”. Cayo Plinio Segundo asegura que la ciudad que anteriormente se llamaba “Tingi”, pasó a llamarse “Traducta”. Este cambio de nombre se le atribuye al cesar Claudio, al ser la ciudad convertida en colonia.
“Más allá de las Columnas de Hércules estuvieron los oppida de Lissa y Cottae; hoy está Tingi, antigua fundación de Anteo, llamada luego Traducta Iulia por el césar Claudio, cuando la convirtió en colonia; se halla a 30.000 pasos de Baelo, el oppidum más próximo de la Bética. A 25.000 pasos de Tingi, en la costa oceánica, está la colonia augustea de Iulia Constantia Zulil, que fue sustraída a la jurisdicción de los reyes y atribuida a la de la Bética. A 35.000 pasos de ésta se halla Lixus, convertida en colonia por el césar Claudio”.
“Naturalis historia” - Cayo Plinio Segundo
ACTIVIDAD EN “IULIA TRADUCTA"
La pesca, la industria conservera y la exportación de los productos marinos fueron el principal motor económico de “Iulia Traducta”.
Las excavaciones arqueológicas realizadas hasta la fecha han descubierto tres fábricas dedicadas a la elaboración de conservas de pescado y carne situadas en el corazón del barrio industrial de “Iulia Traducta”. La importancia del yacimiento radica en la identificación de una de las “cetaria” más grandes y longevas del Mediterráneo Occidental. Los restos de piletas “cetarium” de salazón “salsamenta” localizados en la base de las torres medievales de la Villa Vieja y la aparición de una serie de pavimentaciones al aire libre que debieron estar cubiertas originalmente con un doble pórtico de columnas y pilares en el sector septentrional, en dirección al río de la Miel, avalan que la extensión del complejo industrial de “Iulia Traducta” abarcaba más de 80.000 m², encontrándonos ante uno de los principales complejos industriales de la España romana, “Hispania”.
Las factorías excavadas se localizan en la esquina de una manzana limitada por dos calles de grandes dimensiones que se cruzan en forma de cruz, formando la base de la estructura vial. Las calles secundarias completan un trazado perfectamente reticulado, indicador de que estamos dentro de una ciudad romana. Hasta la fecha, solo se conocen el barrio artesanal y el cementerio.
Además de las fábricas urbanas, se ha descubierto una explotación independiente ubicada en las proximidades de la playa de Getares donde se han localizado restos de varias “cetarium” piletas de salazón similares a las de otras ciudades del “Fretum Gaditanum” como “Iulia Traducta” y “Baelo Claudia”, además de otros restos de construcciones no identificadas, y numerosas ánforas “amphora” y cepos de anclas en la zona de costa inmediatamente cercana.
Es posible que parte de la población se dedicara también a la fabricación de vino; de hecho, se han encontrado gran cantidad de ánforas, denominadas “amphora”, destinadas a este fin. A pesar de algunos hallazgos localizados cerca de la playa del Chorruelo, junto a las factorías “cetaria” y en otros terrenos cercanos al sur de las factorías, datados cronológicamente como del siglo I d.C., la producción de ánforas, “amphora”, en la ciudad ha sido considerada como una actividad minoritaria debido a la existencia de un complejo de fabricación de ánforas, “figlina”, muy destacado en la vecina ciudad de “Portus Albus”. Sin embargo, parece ser que esta actividad tomó relevancia, sustituyendo a los hornos localizados en “Portus Albus”, tras ser estos abandonados en esa misma época.
“Iulia Traducta” fue el lugar donde embarcaron los vándalos en su paso de “Hispania” a África en el año 429. Se supone abandonada cuando se produce el desembarco árabe en “Hispania” en el año 711; sin embargo, se han localizado diferentes estructuras de época bizantina en la Villa Vieja, entre ellas un cementerio datado en el siglo VI, restos de producciones anfóricas e incluso un cáliz bizantino cerca de la posterior mezquita musulmana. Parece razonable pensar, a raíz de estos hallazgos, que la ciudad no fue abandonada por completo en ningún momento y, aunque la población residente debía ser escasa cuando se produjo la invasión árabe, la ciudad era probablemente hasta ese momento la más importante del “Fretum Gaditanum”.
“GARUM” Y OTROS RECURSOS MARINOS EN “IULIA TRADUCTA”
En las fábricas se elaboraban fundamentalmente dos tipos de alimentos marinos a partir del pescado: salsas fermentadas conocidas con la denominación genérica de “garum” y salazones denominados genéricamente como “salsamenta”. “Iulia Traducta” es el primer lugar del “Fretum Gaditanum” donde se han descubierto restos de “garum”, gracias a la excavación de varias piletas “cetarium” que fueron abandonadas con el contenido original. Las evidencias de estas salsas en “Iulia Traducta” y “Baelo Claudia” corresponden a la mitad de todas las halladas en el mundo romano, de ahí su excepcionalidad.
El producto más apreciado y caro que se elaboraba en estas factorías era una salsa conocida con el nombre de “garum” o “liquamen”. En diversas fuentes literarias griegas ya se cita el “garum” hispánico, siendo un producto muy cotizado en el mercado del “Mare Nostrum”. Detrás de estas definiciones genéricas existía una amplia gama de productos; algunas de estas salsas utilizaban como base especies pequeñas de pescado como sardina o boquerón, mientras otras reaprovechaban las vísceras y la sangre de los atunes, como es el caso de la salsa “haimation”. El “garum” acompañaba a todo tipo de comidas, a modo de aderezo o condimento, actuando como sazonador y potenciador del sabor. Debido a sus características, se sabe que tenía propiedades estimulantes del apetito y los médicos o galenos solían recomendarla por sus facultades alimentarias y curativas.
La salsa era el resultado de la fermentación, en un medio salino aderezado con aromatizantes, de peces completos de pequeña talla o de las entrañas de pescados medianos o grandes, cuyas enzimas producían una papilla o puré que, tras varios meses, se filtraba produciendo un líquido de color ámbar llamado “garum” y un paté denominado “hallec”. Estos eran artículos muy apreciados y usados habitualmente para cocinar y salar los alimentos.
El otro producto estrella era la salazón de pescado “salsamenta”. Para su producción, el pescado era troceado en tacos que eran introducidos en las piletas “cetarium” en capas horizontales que eran alternadas con otras de sal y ocasionalmente especias. El producto permanecía un tiempo hasta que quedaba completamente deshidratado; luego era envasado en ánforas “amphora” y comercializado. En estas fábricas “cetaria” se han encontrado restos óseos de diferentes pescados: atún, cazón, corvina, marrajo, mero, borriquete y pargo, entre otros.
En “Iulia Traducta” también se han hallado un buen número de ostras, cuyo tamaño estandarizado y los restos del sistema de cultivo adherido a sus conchas, revelan su posible producción en viveros “ostriarium”. Estos moluscos también fueron empleados para la realización de salsas, lo que se ha demostrado gracias al uso de técnicas biomoleculares y por el hecho de haber sido desconchadas en un ambiente industrial como éste y no en el lugar de consumo.
En las excavaciones arqueológicas de “Iulia Traducta”, se han identificado una veintena de molinos de mano, utilizados para la trituración de los huesos de pescado, con el objeto de elaborar harinas, aceites o pegamentos. En el patio se pueden observar varias piezas de piedra con una oquedad circular, huellas de los postes de madera que sirvieron para sostener cordeles en los que se produciría otra de las especialidades de la fábrica “cetaria”: el pescado seco.
Esta industria conservera tradicionalmente también estaba asociada a la producción de la púrpura, tinte obtenido de la cañailla (Murex brandaris y M. trunculus) y el bucino (Thais haemastoma), utilizado inicialmente por los griegos y extendido por todo el “Mare Nostrum” por los fenicios, siendo utilizado en otras épocas exclusivamente para teñir las ropas de los emperadores.
“IULIA TRADUCTA”: OTRA SALAZÓN, CONSERVAS CÁRNICAS
La investigación sobre los residuos de estas fábricas “cetaria” ha desvelado, de forma pionera, el aprovechamiento de estas instalaciones para la realización de otros productos no tan conocidos como las conservas cárnicas.
Se han descubierto miles de restos de animales domésticos como vacas, ovejas, cabras y cerdos o salvajes como el ciervo, que fueron descuartizados en el mismo lugar que los pescados y sumergidos en salmuera.
DESDE “IULIA TRADUCTA” HASTA ALGECIRAS: ENCUENTRO DE CIVILIZACIONES Y RIQUEZA CULTURAL
Durante los últimos años del Imperio romano de Occidente, las incursiones bárbaras llegaron a la región del “Fretum Gaditanum”. A mediados del siglo V d.C., tropas bizantinas provenientes del Mediterráneo Oriental se asentaron en ambas orillas de “Fretum Gaditanum”, ocupando las antiguas ciudades romanas de “Iulia Traducta” Algeciras, “Carteia” San Roque y “Septem” Ceuta. Aunque se siguieron realizando capturas de atún, estas disminuyeron considerablemente, llevando a la desaparición de las tradicionales factorías “cetaria”.
Cuando los árabes llegaron en el siglo VIII, optaron por evitar la antigua ciudad bizantina y erigieron su campamento militar al otro lado del Río de la Miel. Fundaron allí “al-Yazira al-Jadra”, la ciudad islámica más antigua de la Península, abandonando así el centenario emplazamiento de “Iulia Traducta”. Fue en el siglo XIII, tras 5 siglos de abandono, cuando “Abu Yusuf”, de la dinastía benimerí (1244 – 1465), que controló todo el Magreb a mediados del siglo XIV, fundó la nueva ciudad-campamento conocida como “al-Binya” con el fin de ayudar al reino de Granada a frenar el avance de la reconquista cristiana de Andalucía.
Durante el periodo de conquista musulmana, la identidad conservera del Estrecho vuelve a aflorar. La explotación de recursos marinos, como la pesca, adquiere relevancia, recuperándose así las capturas de atún. De hecho, el término almadraba proviene del árabe “almaḍrába” y significaba “lugar donde se golpea o lucha”.
En lo referente a las técnicas de conservación, trajeron el escabeche. El nombre viene del árabe andalusí, derivación dialectal del árabe clásico “sikbāŷ”, que a su vez proviene del persa medio “sik”, vinagre, y “bāŷ”, estofado. En Persia, este término se refería a un guiso de carne con vinagre y otros ingredientes, que aparece citado en “Las mil y una noches”. El escabeche es una técnica de cocina y conservación empleada tradicionalmente con pescados y moluscos, encontrándose fuertemente arraigada al recetario tradicional andaluz.
A finales del siglo XIV, la ciudad fue nuevamente abandonada por “Muhammed V de Granada” y no será repoblada hasta que los ingleses ocupen Gibraltar en 1704. La población autóctona de Gibraltar tuvo que exiliarse y se asentó en el lugar donde después surgirían los municipios de San Roque, Los Barrios y Algeciras.
Paradójicamente, el solar que en época romana albergó las cetarias de “Iulia Traducta” volvió a utilizarse en la elaboración de conservas de pescado, en esta nueva etapa de Algeciras.
ALMADRABAS
Las primeras evidencias de sistemas de pesca parecidos a los actuales se encuentran en el periodo romano en lo que se refiere a la utilización de sistemas de redes parecidos a los que se usan en las almadrabas. Usaban incluso un vigía que se colocaba en un lugar alto y era el que guiaba las operaciones en las que llegaban a participar 5 barcas y un número importante de personas. Son los antecedentes de las almadrabas «de tiro», las primeras que se usaron para capturar los atunes de forma masiva.
Las almadrabas han seguido existiendo en el sur de España, sin interrupción, desde el periodo de la conquista musulmana hasta nuestros días.
En 1285, Sancho IV entregó a los caballeros de Santiago los castillos de Alcalá, Medina Sidonia y Vejer, junto con el privilegio de sus almadrabas y salinas.
“con sus términos, las almadrabas de los atunes e con los derechos del puerto de la mar, e con pesquerías e con salinas”
La concesión del privilegio de la casa real a los Guzmanes para la explotación de las almadrabas se remonta a finales del siglo XIII, cuando Alonso de Guzmán recibe la villa de Tarifa (1294, de Sancho IV) primero, y de Conil a continuación (1299, de Fernando IV) con sus respectivas almadrabas.
Un siglo después, en el año 1379, el rey Juan I de Castilla premiaría al conde de Niebla (herederos de Guzmán el Bueno) con todas las almadrabas del reino.
Juan Alonso Pérez de Guzmán, III conde de Niebla, es investido como Duque de Medina Sidonia el 17 de febrero de 1445 por haber apoyado al rey Juan II en la guerra civil contra Enrique de Aragón. Además del Ducado de Medina Sidonia, se le otorga:
“las almadrabas que ahora son o serán de aquí adelante, desde Odiana hasta toda la costa del Reino de Granada...Si se ganaren algunos lugares en que almadrabas pueda haber, que no las pueda armar ni haber otra persona alguna, salvo vos el dicho conde, e los que de vos vinieren, en quien subcediere la dicha vuestra casa e mayorazgo, quier estén en lugares de señorío, quier en realengos”.
Estos privilegios no se libraron de controversias, siendo confrontados por el Concejo de Cádiz, el Concejo de Tarifa, Rodrigo Ponce de León (I duque de Cádiz) y Fadrique Enríquez de Ribera (I marqués de Tarifa), entre otros, quienes tenían especial interés en calar sus propias almadrabas. La casa de Medina Sidonia acude a la autoridad real en múltiples ocasiones con el fin de salvaguardar sus privilegios, entre los que cabe recalcar la sentencia emitida por el Real Concejo de Castilla tras las quejas del VII duque de Medina Sidonia contra los vecinos de Tarifa.
“Los sobrevenidos ni otra persona alguna, no pesquen, ni maten Atunes con ningún genero de Redes, sencillas, ni dobladas, ni en cualquier manera, en la Playa de esta Villa, y Pesquerias de ella, ni en toda la costa del mar del Andalucia, desde el rio de Odiana, hasta la costa del Reino de Granada, è cualquier Atún, è Atunes que se entraren, è tornaren en qualquier Red, los suelten luego, y dexen ir libremente: Y a que no hagan Almadrava, ni tengan Atalaya, Redes, Peltrechos, Cochillas, Chancas, ni otros aparejos para pescar, ni matar los dichos Atuntes, so pena de tres años de Galeras, que sirvan à S.M.: Y à que no perturben, ni inquieten en la antigua possession, vel casi, uso, è costumbre en que dicho Duque de Medina Sidonia ha estado, y està, y sus Predecessores, de hacer Almadravas, pescar y matar los dichos Atunes, desde el rio de odiana, hasta la costa del Reyno de Granada, y a que ningún otro lo haga”.
En el siglo XVI, la casa ducal de Medina Sidonia amplió su actividad comercial a lugares tan lejanos como Flandes o Italia, aunque sus mercados principales eran Valencia y Barcelona.
Las almadrabas seguirían en manos de los nobles hasta el siglo XIX. Las Cortes de Cádiz, las de principios del siglo XIX, también tuvieron importantes consecuencias para el sector, que dejó de estar en manos de los nobles el 20 de febrero de 1827, fecha de la abolición de los privilegios. Los duques de Medina Sidonia seguirían presentes en el sector, que vivió una época especialmente brillante entre finales del XIX y principios del XX de la mano de varias empresas almadraberas. Las capturas oscilaban entre 50.000 y 80.000 atunes al año, de los que se exportaba una parte importante de las conservas, el principal recurso del sector. Las almadrabas se convirtieron en pequeñas ciudades donde vivían los trabajadores y estaban también las fábricas de transformación.
En 1928 ocurre otro hecho histórico: la creación del Consorcio Nacional Almadrabero, con sede en Tarifa, después en Isla Cristina. Varios empresarios se unen y logran del gobierno de Primo de Rivera la concesión de las almadrabas del país a esta unión, monopolizando nuevamente la extracción y el comercio de los atunes. Se contabilizaban entonces en España hasta 11 almadrabas.
El sector vivía momentos de crecimiento y, en torno a la almadraba de Sancti Petri, por ejemplo, se llegó a formar una población de más de 1.000 personas que vivían exclusivamente del trabajo en la factoría y para los que se construían incluso casas para que se alojasen allí mientras se desarrollaba la actividad.
El Consorcio finalmente fue a la ruina y se disolvió en 1973, desapareciendo las almadrabas de Almería y Huelva. Dos años antes se había cerrado la almadraba de Sancti Petri, una de las más importantes. Los altos costes de funcionamiento de las almadrabas y la importancia que habían adquirido las flotas que pescaban el atún en alta mar terminaron con la industria; según ellos, también influyó la contaminación de las costas, que hacía que no vinieran los atunes.
En 1976, irrumpe en el sector almadrabero un nuevo comprador, Japón, comprando casi toda la cuota de atún rojo a precios elevados. Este hecho fue trascendental para las cuatro almadrabas de Cádiz, unidas en la Organización de Productos Pesqueros de Almadrabas de Cádiz (Bárbate, Conil, Tarifa y Zahara), siendo garante de la continuidad en la actividad de las almadrabas hasta nuestros días.
HISTORIA CONSERVERA MODERNA EN ALGECIRAS
El negocio de la almadraba fue especialmente fructífero en el siglo XVI.
Entre los siglos XVIII y XIX, las condiciones políticas y bélicas impidieron en cierta forma prosperar a la industria pesquero-conservera. Las Cortes de Cádiz, a principios del siglo XIX, tuvieron una importante repercusión para el sector, que dejó de estar en manos de los nobles el 20 de febrero de 1827, fecha de la abolición de los privilegios.
Alrededor de 1795, Nicolás Appert desarrolló un método para conservar alimentos en tarros de cristal herméticamente sellados, hirviéndolos durante un tiempo específico. Este proceso, que posteriormente Pasteur validaría en 1860, eliminaba los microorganismos y mantenía los alimentos en perfecto estado, conservando su sabor original.
Este descubrimiento en el modo de conservar alimentos, unido a la riqueza pesquera del Estrecho de Gibraltar, dio lugar a un nuevo periodo de bonanza en la industria conservera campogibraltareña. Este nuevo ciclo de prosperidad se prolongaría entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, de la mano de varias empresas conserveras.
A finales del siglo XX, la pérdida de los caladeros saharianos provocó la escasez de las principales materias primas (sardina, caballa, bonito y atún), asestando un duro golpe a la industria pesquero-conservera campogibraltareña. Esta crisis se vio especialmente acentuada en Algeciras, ocasionando el cierre de 10 conserveras antes de finalizar el siglo XX, cerrando la última fábrica conservera a principios del siglo XXI.
IULIA TRADUCTA SALAZONES, AHUMADOS Y CONSERVAS
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“Iulia Traducta salazones, ahumados y conservas, atesorando en el tiempo un pedacito de nuestra historia, cultura e identidad.”
“FRETUM GADITANUM, EL LEGADO GASTRONOMICO DE LA HISTORIA”
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